lunes, 14 de abril de 2008

MADRE MATERIA




Si estudiamos las antiguas cosmologías, vemos un orden jerárquico. En los comienzos, la Deidad Desconocida, el Abismo de Dios, incomprensible para la mente humana; el Caos de los griegos, Ain Soph del Zohar y Num egipcio, del que surgen el “Gran Mar”, que representa una potencia andrógina que originará a su vez el espíritu primordial y la materia primordial. De esta materia proviene el Cosmos, el Universo manifestado y la Creación toda, en lo grande y en lo pequeño, en lo visible y en lo invisible.
De alguna manera lo que llamamos “Naturaleza” es una expresión vital de la Gran Materia activada por el pensamiento divino, que se extiende y se diferencia hasta presentar los diferentes niveles de la Creación.
La materia primordial conforma también lo que podría llamarse Matriz del Universo o Magna Mater, a la que también se alude simbólicamente como Océano de Vida o Gran Vaca Cósmica.
Cuando nos referimos a realidades intangibles es imposible evitar la expresión simbólica y la metáfora, pues la palabra no puede reflejar la amplitud de la idea por las limitaciones inherentes al lenguaje. Sobre todo porque los grandes principios pierden su abstracción al condensarse y concretarse en las pobres palabras con que los nombramos.
Desde que surgió la primera dualidad, apareció la Potencia Gestante, que las antiguas simbologías conocían como la Gran Diosa Madre.
Hablamos de Gea o Rea en Grecia (la Gaia de la reciente hipótesis científico-ecológica), la Diosa Madre que domina los reinos mineral, vegetal, animal y humano.
Por otra parte, en las distintas culturas el mismo contenido simbólico puede expresarse en versión masculina o femenina dependiendo del nivel a que el símbolo se refiera y a las características propias de la cultura en que surgen.
El tema de las contrapartes femeninas del dios podemos verlo en las shaktis, representadas como las “esposas” de la tríada más conocida del hinduismo:
–Brahma, el Creador, al que corresponde su compañera Sarasvati, que representa la sabiduría.
–Vishnu, el conservador, que representa los aspectos energéticos, vitales, y la cualidad subjetiva del amor en el Cosmos, con Lakshmi.
–Y Shiva, el destructor de las formas. Su contraparte es Parvati, el poder de Shiva, que asume múltiples formas, entre ellas Kali, la madre oscura, la destructora de la Naturaleza.
En Egipto, Isis es la hermana y esposa de Osiris, la contraparte del dios, y junto con él la expresión de la unión de los dos principios. Es también Hathor, la vaca cósmica, madre dadora, una de las formas de la materia primordial, deidad gestante que expresa su amor generando vida. A veces se la representa con el niño Horus en sus brazos o amamantándole.
Siendo la Naturaleza, en ocasiones se la representa velada, alusión a los Misterios naturales que están detrás y a las leyes que los rigen.
Como Reina de la noche y como mediadora entre la tierra y el cielo, su poder se extiende al mundo lunar. Por eso uno de sus atributos es la corona de cuernos lunares.
Casi todas las grandes diosas que representan y expresan a la Naturaleza aluden al Agua, la Tierra y el Mundo Subterráneo, y al cielo. Porque como todos los grandes símbolos, aparecen plenos de significado y reúnen diversos aspectos y niveles de la Creación.
Como regentes de los mundos invisibles abarcan la vida toda, material e inmaterial, en los planos físicos, psicológicos y mentales, impregnando energéticamente las ideas.
Isthar en Babilonia, Astharté en Caná, Attar en Mesopotamia, Asthar en Moab, Athtar en Arabia, Astargatis en Siria y Astarté en Grecia, son ejemplo de lo que estamos diciendo.
Isthar es la personificación de aquella fuerza en la Naturaleza que se muestra en el dar y tomar de la vida. Es la madre de todo, la Artemis de muchos pechos. Lleva los títulos de “Plata-Brillante”, “Productora de Semilla” y “Embarazada”. Es la diosa de la fertilidad, la que da el poder de reproducir y crecer a los campos, a los animales y al hombre. Toda la vida emana de ella: plantas, animales y seres humanos.
Artemisa/Diana es la Luna, la diosa blanca que porta el esplendor inspirador de la luna llena, la oscuridad maléfica de la nueva y el ascenso y declinación de sus fases.
Diana alude a la noche física y psicológica y a sus influencias sobre la generación. Por eso también se asocia a la potencia generadora de la mujer.
Es también la fructificación de la Naturaleza; así aparece como regente de la vegetación, de los árboles, de los bosques y de los animales que lo habitan.
En otra faceta es la triple diosa cuyo poderío se extiende en Cielo, Tierra y Mundo Subterráneo.
La gran diosa es Deméter, y es también su hija Proserpina, relacionadas ambas con los ciclos naturales y los misterios de la vida y la muerte.
En su versión de belleza es Afrodita, surgida de la espuma del mar y regente del Amor y la atracción entre los seres.
En su aspecto luminoso tiene que ver con todas las diosas de la luz. Así es Lucina y la misma Brigit celta.
Y como Maya aparece como la ocultadora del secreto, síntesis de todos los poderes de la Naturaleza a la que estaba dedicado el mes de mayo.
Todas ellas son expresión de la Tierra simbólica cuya contraparte física es el suelo que nos sustenta.
El planeta Tierra, según los viejos mitos, es también un ser vivo, y como tal tiene sus procesos energéticos y sus puntos de circulación de la energía.
Evoluciona al igual que nosotros, utilizando el cuerpo físico como vehículo de expresión.
Y un ángel vela por ella, según indican los textos cabalísticos.

Paloma de Miguel

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