lunes, 14 de abril de 2008

LOS RITOS DE LA DIOSA




Su origen se pierde en la noche de los tiempos. Lo que en un principio se expresaba simbólicamente, aludiendo a grandes leyes analógicas, que integraban multitud de aspectos tanto físicos como propiamente vitales y psicológicos, en los momentos actuales ha perdido contenido y se ha desvirtuado, con lo que el símbolo ha perdido gran parte de su energía movilizadora, al permanecer en el inconsciente.
En casi todo el planeta pueden apreciarse festejos en torno a los árboles y los bosques. Los indios nidatsa de Norteamérica, por ejemplo, creen que todo objeto natural tiene su “espíritu” o su “sombra”, y que algunas sombras son más inteligentes que otras. Los iroqueses piensan que cada especie de árbol tiene su propio espíritu, y algo parecido imaginan en África oriental.
Algunas tribus del Volga hacían girar parte importante de sus celebraciones en torno al Árbol sagrado.
En ciertos pueblos se cree que el espíritu del árbol está “enmaderado”, o sea, encarnado en la madera arbórea hasta la muerte del mismo, mientras que otros sostienen que dicho espíritu puede entrar y salir del árbol, a voluntad o como consecuencia de ciertas invocaciones.
En algunas regiones orientales de la India es creencia popular que ciertos espíritus de los bosques, conocidos como “silvanos”, viven en los árboles solitarios o en grupos de los mismos. Salen con la luna llena y vagabundean por los alrededores.
En muchos culturas, no pocas de las ceremonias celebradas en torno a la tala de árboles supuestamente encantados, se basan en la creencia de que los espíritus de los mismos pueden marcharse de los árboles por gusto o en caso de necesidad. Por eso en ciertas partes del planeta se ruega, al talar un árbol, que su espíritu pase a otro.
En Sumatra, hasta hace poco tiempo, “leían” a los árboles los comunicados de la Administración ordenando su tala, concluyendo con un sentido: “Ya lo sabéis, árboles, debo hacerlo... si no, perderé tantos descuentos, o tal multa de mis días de trabajo”.
En algunos pueblos “primitivos” se esperaba que ciertos genios arbóreos, o espíritus de la Naturaleza asociados con ellos, facilitaran la lluvia y el buen tiempo. En ciertos sitios aún hoy se piensa que al derribar un árbol los silvanos manifestarán su desacuerdo retirando la lluvia, porque está muy extendida en los medios rurales universales la idea de que los pequeños seres de los campos, de los bosques y los árboles, relacionados con la tierra, el agua y la luna, hacen prosperar las cosechas y fertilizan el campo en general, y a veces a los seres humanos.
Este tipo de ceremonias relacionadas con los árboles, la vegetación y la fecundidad física y simbólica, solían celebrarse y todavía se rememoran en las fiestas primaverales y en las del solsticio de verano, en torno a la famosa “noche de San Juan”.
Las conocidas fiestas del “árbol de mayo”, en algunos sitios llamadas de la “cruz de mayo”, hunden sus raíces significativas en este tipo de conmemoraciones, pasando históricamente de pueblo a pueblo. De hecho el simbolismo de la cruz y el del árbol en ocasiones aparecen asociados.
En general el “árbol de mayo” es muy celebrado. Su representación física puede renovarse cada año o estar permanentemente en un sitio “ex profeso” de la comunidad, pueblo o aldea. Entre otras cosas, alude al deseo de atraer al grupo el espíritu fructificante de la vegetación de cada primavera, aunque analizándolo podemos llegar aún más lejos.
En los festejos se le llama el Padre Mayo; la señora Mayo, el Mayo, la reina de Mayo, o simplemente Mayo. Y se puede representar folclóricamente como un palo enhiesto, una rama cubierta de flores, un árbol junto a una figura humana, y se ve inundado de coplas, ofrendas florales, frutos y actos dramatizados mediante oraciones y emparejamientos humanos que rememoran la unión de los principios activos que producen generación.
En Escocia el renacimiento de la vegetación en primavera se representaba el 1º de febrero, el día de Sta. Brígida, que curiosamente es un nombre muy similar al de la diosa celta del fuego, Brigid o Birget.
Su fiesta coincide con el día de la Candelaria, y con la Fiesta de la purificación y el fuego en la antigua Roma.
Tal como se indicó anteriormente, muchos de estos festejos están asociados con los hechos y ciclos naturales; y a todos los niveles, la Naturaleza, como potencia germinante y creadora, tiene también que ver con la Luna y el aspecto simbólico de sus fases.
Otras celebraciones se entroncan con los ciclos solares, en el continuo resurgimiento, expansión y declinar de la luz solar, y en todo el simbolismo asociado: oposición, tinieblas, luz, etc.
Una de las celebraciones más divulgadas es la que gira en torno al solsticio de verano, y que conocemos en la actualidad como noche de San Juan, noche del Fuego, etc. Tiene una larguísima tradición, y ya era conocida, por ejemplo, por los musulmanes en España antes de la Reconquista.
En fechas que coinciden con la celebración cristiana de la Navidad todavía quedan algunos vestigios de ciertos ritos que se relacionan con el solsticio de invierno, y que estaban bastante extendidos en la civilización romana.
Es importante señalar cómo la vivencia interna de la expresión integral de estos ritos y su significado son un motor de activación psicológica que reunifica al hombre con la Armonía natural.
También resulta sumamente interesante, conforme se investiga el significado de los mitos que subyacen en estas fiestas, comprobar cómo conectan a través de los milenios con antiquísimas tradiciones que pasan de pueblo a pueblo, y cómo sus símbolos son casi idénticos en múltiples culturas, algunas muy separadas entre sí espacial y temporalmente.
Desde la India a América, de Noruega a África o de Rusia a Japón, aparece invariablemente a través de sus cosmologías, sagas y leyendas, la existencia de los Espíritus de la Naturaleza, representados como encarnaciones de las fuerzas vitales de la Naturaleza, o como agentes de los elementos naturales, y encargados de desarrollar el programa que late en el germen de la vida de la Tierra.
Otros supuestamente viven en los distintos elementos: los enanos de las tradiciones nórdicas que viven dentro de la tierra, los duendes y gnomos que nos hablan a través de los cuentos irlandeses, las hadas y ondinas que han llegado a nosotros a partir de las creencias célticas y que todavía perduran en nuestro folclore.
Y finalmente otros supuestamente animan algunas manifestaciones de la Naturaleza, como los genios de los árboles antes aludidos.
Algunos de estos seres figuran en la propia cristiandad como Ángeles emparentados en cierto modo con los “Djins” árabes, y con los llamados “Devas” de la mitología hindú.

Paloma de Miguel

No hay comentarios: